Análisis de la serrana en el villano en su rincón de L.ope de Vega (creación propia).

Los primeros registros de los que se tiene constancia de la leyenda de la serrana de la Vera son del siglo XVI y XVII, aunque según los estudiosos ésta proviene de la lírica medieval, concretamente de las serranillas, que son canciones populares. Hemos de tener en cuenta que a partir del siglo XVII los poetas cultos comienzan a utilizar el octosílabo, que siempre estuvo vinculado a lo popular. Por consiguiente, dentro de estas canciones populares ubicamos a las serranas, que se dieron a conocer más al publico a partir de su aparición e incorporación en obras teatrales. Así pues, una de las características de Lope de Vega es la incorporación de estas canciones populares en sus obras de teatro, ya que no todos los poetas de la época lo hicieron. En el libro “Las Serranas de la Vera” se dice: 

Las razones del insólito comportamiento de la serrana, que primero disfrutaba del desafortunado que caía en sus manos y luego lo mataba, necesitaban de una forma literaria más extensa para ser explicadas. Era el teatro en la España de los siglos XVI y XVII el principal entretenimiento de todas las capas sociales, y los dramaturgos de la época vieron en la romanceada historia de la serrana un inagotable y riquísimo venero en el que inspirarse para componer toda clase de obras teatrales De entre todas las Serranas destacan una comedia de enredo de Lope, una tragedia de Vélez de Guevara y un auto sacramental de Valdivielso. Las tres fueron escritas entre 1598 y 1619”. (Majada y Merino, 2012, p.13). 

La serrana que vamos a analizar aparece en el segundo acto de la obra “El villano en su rincón”, como ya se ha dicho en la introducción. De hecho, algunas de las letras de estas canciones guardan relación con la situación de los personajes: ese caballero cazador y la dama amedrentada sugieren respectivamente las personas y situaciones de Otón y de Lisarda; “las dudas y temores de ésta son las mismas de la muchacha extraviada en el monte; por eso no es indiferente que sea ella quien cante el zéjel monologado” (M. Martínez, 1989, p.58). Así pues, esta serrana se divide en dos romances, compuestos por cuartillas de versos octosílabos y un esquema de rima asonante de 8-, 8a, 8- y 8a , pues en el primero se rima con la vocal “i” y en el segundo con la “a”. Además, hemos de resaltar que es un tipo de composición en arte menor, y que la última estrofa del segundo romance tiene una variación. Por otro lado, el zéjel, que expone un estribillo al principio y al final, tiene rima consonante y sigue el siguiente esquema de rima: AABBBAA.

“A caza va el caballero

por los montes de París,

la rienda en la mano izquierda

y en la derecha el neblí.

Pensando va en su señora

que no la ha visto al partir,

porque como era casada,

estaba su esposo allí.

Como va pensando en ella,

olvidado se ha de sí;

los perros siguen las sendas

entre hayas y peñas mil.

El caballo va a su gusto,

que no lo quiere regir.

Cuando vuelve el caballero,

hallóse de un monte al fin;

volvió la cabeza al valle

y vió una dama venir,

en el vestido serrana

y en el rostro serafín”.

Esta parte expuesta es el primer romance, narrada por el yo poético, donde se nos narra la historia de otro caballero, que al igual que el de “La Belle Dame sans merci”, se encuentra triste y afligido, ya que su amada está casada (tal y como se nos muestra en la segunda estrofa). En un determinado momento se encuentra con la serrana, quien es una mujer sensual. Esto podemos verlo en los dos últimos versos, concretamente en : “en el vestido serrana y en rostro serafín”. Además, tenemos una antítesis también, ya que se utilizan las palabras “serrana” y “serafín” haciendo alusión a lo rural y lo divino. Por otro lado, existe un hipérbaton en “entre hayas y peñas mil”.

“-Por el montecico sola

¿cómo iré?

¡Ay Dios, si me perderé!

¿Cómo iré triste, cuitada,

de aquel ingrato dejada?

Sola, triste, enamorada

¿dónde iré?

¡Ay Dios, si me perderé!”.

Esta parte es el zéjel, y no es la continuación de la serrana aunque tiene relación, ya que como nos indican Díez de Revenga y Florit Durán “a la caza va el caballero se ve interrumpida por una canción de amor puesta en boca de una mujer, Lisarda” (Díez de Revenga y Florit Durán, 1994, p.140). Así pues, sabemos que esta parte establece vínculos entre la serrana y Lisarda, ya que ambas están perdidas y sufren de amores, una por su galán y otra por Otón. Podemos ver esto en el quinto verso, concretamente en “de aquel ingrato dejada?”. Por otro lado, podemos ver esa estructura métrica mencionada previamente, además de la repetición de los versos “¿cómo ire? ¡Ay Dios, si me perderé!”, pues esto es un estribillo. En cuanto a las figuras retóricas, tenemos una anáfora en la repetición de la palabra “cómo” en el verso: dos, cuatro y siete. 

“-¿Dónde vais, serrana bella, 

por este verde pinar?

Si soy hombre y voy perdido,

mayor peligro llevais.

-Aquí cerca caballero,

me ha dejado mi galán

por ir a matar un oso

que ese valle abajo está.

-¡Oh, mal haya el caballero

en el monte al lubricán,

que a solas deja su dama

por matar un animal!

Si os place, señora mía,

volved conmigo al lugar,

y porque llueve, podréis

cubriros con mi gabán.-

Perdido se han en el monte

con la mucha obscuridad;

al pie de una parda peña

el alba aguardando están;

la ocasión y la ventura

siempre quieren soledad”.

Como podemos ver, y al contrario que el poema de Keats, el caballero muestra una actitud más activa y se detalla más el cortejo en este último romance. Además, tenemos multitud de voces aquí, pues interactuan: el caballero, la dama y el yo poético. Encontramos también algunas figuras retóricas, tales como la aliteración en “al pie de una parda peña”, en la quinta estrofa y tercer verso, o el pleonasmo en “por este verde pinar” o “que ese valle abajo está”, en la primera y segunda estrofa, en el segundo y cuarto verso. La utilización de la palabra “perdido” durante el poema tiene mucho significado, pues la utilizan tanto ella en el estribillo como él en este último romance. Además, el yo poético la utiliza en el primer y segundo verso de la última estrofa, concretamente en “perdido se han en el monte, con la mucha obscuridad”, con la consecuente doble interpretación que se suele asociar a esta frase en lo rural, relacionado con el ámbito sexual. Consecuentemente, esto se ve reforzado por el verso quinto y sexto de esta estrofa en “la ocasión y la ventura, siempre quieren soledad”. Por otro lado, tenemos una alteración del patrón común de cuartetas por una sextilla, donde existe la rima asonante y la consonante y el siguiente esquema métrico:  8-, 8a, 8-, 8a, 8- y 8a. Es cierto que el tercer y quinto verso finalizan con la vocal “a” también, tal y como vemos en las palabras “peña” y “ventura”. Sin embargo, aun cuando podríamos barajar otras opciones en cuanto al esquema, opino que el hecho de que “obscuridad”, “están” y “soledad” tengan su sílaba tónica al final es realmente significante, por no mencionar la rima consonante entre la primera y la tercera palabra.

Como conclusión, la temática de ambos poemas es muy parecida, aunque tienen sus diferencias. Al contrario que la ambientación medieval y mística del poema del autor inglés, la serrana resalta la vida rural española de la época. Además, uno de los puntos más interesantes que tienen en común ambos es el arquetipo de la “femme fatal”, que aunque en el poema de Lope no tengamos indicios explícitos, la palabra serrana ya cuenta con esa connotación debido a su tradición, por lo que el oyente de la época era consciente de ello. Esta idea de la mujer atractiva y sensual, pero que manipula y hace caer al hombre en desgracia, se remonta hasta una de las piedras angulares de los orígenes de la literatura, es decir, el poema de Gilgamesh. Es aquí donde se menciona por primera vez a la diosa Ishtar, de la que después surgirán Afrodita, y consecuentemente, Venus. Existen gran cantidad de ejemplos en la literatura que responden a este arquetipo, como la sensual y malvada Morgana, la hermana del rey Arturo en la Materia de Bretaña. Otro de los puntos en común de ambos poemas es la hipocresía y el resquebrajamiento del código de caballería. La caída de estos valores caballerescos ocurre en Occidente a finales de la Edad Media, junto al sistema feudal. De hecho, en ambos textos se nos muestra la decadencia de estos valores con los actos de los caballeros.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Majada, J. y Merino, A. (2012) Las Serranas de la Vera. Caligrama.

Marín Martínez, J Mª. (1989) Música y Teatro. nº 3. Teatro cuadernos clásico.

Díez de Revenga F.J. y Florit Durán F (1994) Historia de la Literatura Española, La Poesía Barroca. nº 18. R. de la Fuente (ed.).

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