Partiendo del contenido aprendido en los artículos de Morfosintaxis I y II, creo que puede ser una buena base para comenzar a abarcar el Latín. Así pues, hemos de saber que el Latín, al igual que la mayoría de lenguas es una lengua flexiva, donde a las palabras se les añaden morfemas que nos aportan información, como su género o número. Esto podemos verlo en sustantivos o adjetivos, pero también en verbos, que es lo que llamamos conjugaciones o flexión verbal (adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones son consideradas palabras invariables). Por otro lado, hemos de saber que en Latín también tenemos lo que se denomina flexión nominal o declinación, lo cual es inexistente en el Español, el Valenciano o el Inglés (aunque sí en Alemán).
Durante mucho tiempo me costó entender que significaba el termino declinación, pero habiendo explicado todo lo anterior creo que puede resultar mucho más fácil. Primero de todo, la declinación se aplica en palabras variables, concretamente en los sustantivos. Así pues, se hará un ejercicio de modificación de la palabra raiz o lexema mediante morfemas (al igual que pasa en la flexión verbal). Estas modificaciones nos estarán indicando que función realiza dicha palabra en la oración. Concretamente en Latín hay seis casos diferentes, es decir, seis tipos diferentes de funciones que esa palabra puede desempeñar. De hecho, a diferencia del Latín el Alemán presenta únicamente 4 casos, pero otras lenguas como el Euskera o el Finés tienen más de quince casos cada una.
Dicho esto, empezamos con los casos que presenta el Latín los cuales son los siguientes:
Caso Nominativo: Se aplica en los Sintagmas Nominales en función de Sujeto o Atributo (verbos copulativos).
Ejemplos:
El niño (Sujeto) tiene muchos deberes.
Llegó a ser invencible (Atributo).
Caso Vocativo: Se utiliza para identificar el nombre al que se dirige el hablante.
Ejemplos:
Hoy es un día muy especial, queridos alumnos (nombre apelativo).
Mariana (nombre apelativo), cierra bien la puerta.
Señor (nombre apelativo), aquí tiene su bebida.
Compañeros (nombre apelativo), debemos estar unidos.
A ver, querido (nombre apelativo), si te pones las pilas.
Caso Acusativo: Nos indica que la palabra realiza una función de Complemento Directo dentro de la oración (verbo transitivo). Cuando se refiere a personas va precedido por la preposición a (me, a mí).
Ejemplos:
He visto la pelicula (CD).
Esperamos a tu hermano.
Caso Genitivo: Es el caso que nos indica el complemento de nombre. Normalmente tiene una función de posesivo para indicar de que o quién es el objeto al que complementa. También se utiliza para aportar una explicación, aportando información. Se utiliza también como genitivo partitivo, indicando una parte de un total, o cuando hay adjetivos superlativos, numerales, indefinidos o adverbios que aportan una cantidad.
Ese juguete es de él (Complemento del nombre, Genitivo posesivo).
La espada estaba hecha de plata (Complemento del nombre, Genitivo de Cualidad).
El desastre de la guerra, Las novelas de Arturo Pérez Reverte (complemento del nombre, Genitivo causal).
La ciudad de Cartago (Complemento del nombre, Genitivo aposicional)
Caso Dativo: Expresa los Complementos Indirectos. Al contrario que el Español, nunca lleva preposición.
Ejemplo:
El padre da un abrazo a la madre.
Caso Ablativo: Expresa los diferentes complementos circunstanciales, los cuales pueden ir con preposición o sin ella. Hay ocasiones donde en Español se pone la preposición y en Latín no.
Ejemplos:
En la Luna (CC) hay una huella.
Se encuentra dentro del pueblo (CC).

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